RETO “WRITING FROM THE SENSES” CAPÍTULO 3: THE PALETTE OF PLACE

Hace poco compré un libro, se titula “Writing from the senses” (“Escribiendo desde los sentidos”), que consta de 59 ejercicios para despertar la creatividad, centrados en los cinco sentidos: vista, oído, olfato, gusto y tacto.

Quiero hacer dos ejercicios por semana: los martes y los jueves, y publicar lo que resulte, aquí.

Publiquen sus resultados en los comentarios del blog, en mi página de facebook, en una nota de facebook, en su propio blog, en un documento…las posibilidades son infinitas xD

Compártanme aquí sus resultados o publíquenlos bajo el hashtag ‪#‎retowritingfromthesenses‬ (no olviden poner la publicación en pública para que pueda verla 😉 )

TERCER CAPÍTULO: LA PALETA DEL LUGAR

palette

El color, al igual que la temperatura, la textura y la luz, generan cierto estado de ánimo, por eso son importantes al describir.

Cuando uno escribe, tiene que pensar en el ambiente en que están los personajes. ¿De qué color son las paredes, los adornos, los muebles?, ¿de qué color es el piso?, ¿de qué color es el cielo?

Describir lugares no se trata simplemente de usar adjetivos subjetivos como “hermoso” o “deprimente”, sino de mostrar evidencia de esa belleza, mostrar los detalles que generan tal atmósfera. Hay que ser específicos, pero no exhaustivo, e incorporar los detalles sutilmente para que no llamen la atención hacia sí mismos solamente, rompiendo con el ritmo de la historia.

Las imágenes ayudan al lector a experimentar el lugar sobre el que estás escribiendo. Escribir sobre la paleta de colores puede crear imágenes mentales tan impresionantes como pinturas o fotografías.

Para este ejercicio debes:

  • Pensar en un lugar: ciudad, país, una casa, un atractivo turístico. Lo que sea. Escribe una descripción sobre este. Concéntrate en las imágenes y detalles que harían al lector sentir las emociones que estás sintiendo e incorpóralas.

En seguida mi ejercicio:

En noviembre fui a Arkansas.

Todo lo que veía al mirar por las ventanas eran los colores anaranjados y terracota de las hojas secas en los jardines, y prefería no salir de casa porque, si lo hacía, el frío congelaba inmediatamente mis orejas. Nunca antes había sentido frío verdadero, no antes de ir a Arkansas. Las hojas, que siempre tenían una ligera capa de humedad, parecían advertirte del frío que había en el exterior, pero los primeros días yo me dejaba engañar por el brillante cielo azul. Me tomó un poco de tiempo entender que el frío era omnipresente, que no le importaba el sol o la falta de nubes, siempre estaría ahí, golpeándote con su viento helado.

Sin embargo, hubo un día que la temperatura sí subió, y ese día mis primos me llevaron a un lugar increíble, que probablemente fue mi parte favorita del viaje. El lugar se llama Eureka Springs (Manantiales Eureka). Es el lugar con el nombre más acertado que he conocido en la vida. El pueblo es una explosión de color y vida, con pequeños puestos de madera pintada de los colores más llamativos y menos combinables que te puedas imaginar: amarillo, turquesa, naranja… Hay músicos por doquier adornando con uss instrumentos y sus ropas hippies la esctrecha calle. Sí, LA estrecha calle, porque al parecer todo el pueblo consta de un solo camino colina arriba; recorrer el pueblo es subir y subir en el auto. Conforme la calle va estrechándose, hay menos madera colorida y más construcciones de piedra, y los alrededores se van llenando poco a poco de más y más verde; al parecer a las plantas de ahí no les importa que ya es noviembre.

Aún cuando se quedan atrás las cortinas de cuentas bohemias, los puestos de antigüedades y los ancianos con playeras holgadas y largos cabellos, el lugar continúa teniendo un aire como de ciudad mágica, como del misterioso pueblo de una película de fantasía, con viejitos amigables por doquier.

Mi segundo lugar favorito durante el viaje lo conocí ahí mismo, en Eureka Springs, pero no fue en el pueblo, sino en medio de sus verdes bosques: Thorncrown Chapel (La capilla de la corona de espinas). Nunca una pieza arquitectónica me había parecido tan llena de expresión y sentimientos. He visto fotografías de la construcción después de mi visita pero, honestamente, no me parecen bellas, no me transmiten nada porque, para apreciar la belleza del lugar, tendrías que haber estado ahí, sentir cómo se remueve el corazón al mirar la pequeña construcción hecha completamente de cristal que, con sus plantas en el interior y sus escaleras y asientos de madera, parecen fundirse con el bosque que la rodea, fundirse con el verde y el café. El día que fuimos ahí, no había una sola nube en el cielo, podíamos sentir los blancos rayos del sol cayendo sobre nosotros a través de los gruesos cristales. El sol combinaba con las flores que se encontraban a los lados de las bancas de madera clara, y el espectáculo visual se veía completado cada vez que el viento soplaba y arrancaba las hojas secas de los árboles, que llenaban por un instante el techo de cristal.

Ahí se sentía como si de verdad pudiera palparse la presencia de dios.

Si quieres hacer el reto conmigo, estaré subiendo uno de los 59 ejercicios del libro “Writing from the senses” cada martes y jueves.

¡Anímate y comparte tus resultados conmigo!

Anuncios

Un comentario en “RETO “WRITING FROM THE SENSES” CAPÍTULO 3: THE PALETTE OF PLACE

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s