Desde cero (First 50 words)

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Photo by Elijah Hail on Unsplash

Todos desearían tener mi secreto.  Pero no es algo de lo que pueda hablar con facilidad.

He aprendido lo suficiente a la fecha como para saber que todos creerían que estoy loco si se los cuento, y tampoco sería fácil si me creyeran, pues me envidiarían, me perseguirían para descubrir mi secreto.
Ni yo mismo sé cómo lo hago, así que guardó silencio y continuó como si nada pero, por lo bajo, me rio cada vez que escucho:
“Si no existiera la muerte, la vida no tendría sentido.”
“Somos perfectos en nuestra imperfección.”
“Si naciéramos sabiéndolo todo, ¿qué sentido tendría la vida?”
¿De verdad lo creerán así?, ¿no ven la maravilla que sería comenzar la vida ya sabiendo todo lo que aprendiste en la anterior?, comenzar donde terminaste, ser capaz de ser la persona que no pudiste ser en tu vida anterior; verdaderamente aprender de tus errores para cometer nuevos.

No, ellos no tienen idea de que estoy viviendo por enésima vez, y que no me importa morir porque sé que renaceré para volver a vivir lo mismo una y otra vez, pero siempre será diferente, porque ya conoceré a mis enemigos, ya sabré cómo vencer los obstáculos que se me presenten, y puede que por ahora la muerte sigue encontrándome al final, pero tengo ante mí un mundo de infinitas posibilidades. A prueba y error, eventualmente ser inmortal. Un día la muerte ya jamás me alcanzará…

-¡Mamá!
-Te dije desde hace rato que ya apagaras eso, ¡bájate a cenar!
Con los ojos llenos de lágrimas, pero sin derramar ninguna, Toñita se levantó y bajó a la cocina a cenar.
Doña Antonia suspiró. Odiaba cuando su hija lloraba, pero hacía días que Toñita no se despegaba del Nintendo después de la escuela. Sólo esperaba no haber descompuesto el costoso aparato desconectandolo así.
Toñita se sentó en la barra, cabizbaja; había estado tan cerca de derrotar al jefe final…

Una vez más estoy en este limbo, pero es sólo cuestión de tiempo. Renaceré para tener otra oportunidad. Tal vez en mi siguiente vida logre ser inmortal.

First 50 Words

Alan Flores y yo comenzamos con un nuevo reto:

Durante 12 semanas, estaremos publicando cada jueves un cuento o relato. El tema del mismo, lo tomaremos de un blog que diariamente publica (en inglés) temas para retos de escritura, llamado First 50 Words.

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Ayer

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Profecía autorrealizada (First 50 Words)

Photo by Łukasz Łada on Unsplash

A mediados de noviembre, siempre se cumple mi profecía autorrealizada.

Así se le llama cuando cumples con una expectativa porque tienes tal expectativa…y tienes tal expectativa, porque la cumples. Es tratar a un perro como bravo y que él se vuelva bravo por ser tratado de ese modo. Un ciclo sin fin.

A mediados de noviembre, sé que me romperán el corazón. Y como sé que pasará, sucede. Y porque siempre sucede, yo ya sé que pasará.

Entonces, intento crear mis propias profecías autorrealizadas. Digo que en diciembre mi ánimo será mejor, que para enero dejaré de procrastinar, y que en febrero ya no seré tan controladora, e intento creerlo de corazón, y que se haga realidad, para seguir creyendo en ello y que el siguiente año se cumpla otra vez. Pero, para marzo, aprendo que así no es como funcionan las profesías; no puedes hacerlas, sólo suceden, son como magia que creamos con nuestras mentes…pero, sobre todo, con nuestra imaginación. Las adaptamos, las retorcemos, para convencernos de que un poder mayor nos hace esto.

A mediados de noviembre del año pasado, no me rompieron el corazón como pasaba cada año, sino todo lo contrario, y entonces mi profecía se actualizó: siempre le pasará algo a mi corazón a mediados de noviembre. Puede ser bueno o malo.

Me siento más tranquila ahora.

50 First Words

Alan Flores y yo comenzamos con un nuevo reto:

Durante 12 semanas, estaremos publicando cada jueves un cuento o relato. El tema del mismo, lo tomaremos de un blog que diariamente publica (en inglés) temas para retos de escritura, llamado First 50 Words.

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Mi secreto

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El ángel tatuador

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Photo by DESIGNECOLOGIST on Unsplash

Aún no le he dicho a nadie que un ángel me visitó noches atrás.

Era la chica más hermosa que jamás había visto. Al principio le tuve miedo, creí que venía a castigarme por haber pasado de nuevo la noche por una desconocida, pero ella me tranquilizó con su celestial voz y me hizo una petición:

-Por favor Mauricio, enséñame a tatuar.

Ante la visión de aquel sublime ser, ante sus palabras que sonaban como una lluvia de cristales, fue imposible oponer resistencia. Le dije que sí y la dejé pasar. Entró por la ventana y, sin voltear a ver a la desconocida en mi cama, se dirigió a mi estudio. Estaba envuelta en un halo de luz y, aunque no tenía alas, apenas tocaba el piso al caminar.

Me asomé hacia la calle para ver si alguien la había visto entrar a mi departamento. La calle estaba vacía y oscura. Ni un alma, ni un auto. En cuanto a la desconocida, parecía que no la despertaría ni un tren.

Al principio me embriagó su presencia. No me atrevía a hablarle. Me sentía ante un milagro y, mientras le enseñaba mi rudo arte, la admiraba.

Tristemente, el milagro se desvaneció. Al tercer día ya no me sentía tocado por Dios y su presencia me parecía tan cotidiana que la cuarta noche volvió a encontrarme despertando al lado de una desconocida. Fue hasta entonces que le hablé.

-¿Por qué quieres aprender a tatuar?

Sin mirarme, concentrada en lo que hacía, respondió:

-Soy un ángel guardián, y aquel a quien cuido ha sido un pecador incorregible, pero ni Dios ni el demonio han querido castigarlo. Estoy cansada de que su alma corrompida hiera a los demás. Así que quiero tatuar sus pecados en su piel para que ya no pueda escapar de ellos. Si fuerzas mayores no harán justicia, ¡yo lo haré por mi cuenta!

La ira ensuciaba sus palabras, y en sus ojos había tristeza. Una lágrima plateada rodó por sus mejillas.

-¿Por qué lloras?

-Porque lo amo, lo amo más que a nada, pero ese mismo amor me hace querer castigarlo. Ya ha pecado suficiente.

Tomé su mano. Nunca antes la había tocado, era cálida y suave, ligera como si estuviera hecha de plumas.

-Él se lo ha buscado- le dije –No llores, estás haciendo lo correcto. Tal vez a todos nos hace falta que nuestro ángel nos tatúe los pecados, nos recordarían que debemos ser buenos.

Sólo intentaba consolarla, en realidad me parecía que su idea era depente, pero era demasiado hermosa como para decirle eso. Me miró a los ojos y temí que pudiera leer mis pensamientos, pero su sonrisa me tranquilizó. Mientras ella seguía tatuando, miré su cuerpo. Aquel era un ángel, pero tan ingenuo, tan manipulable como cualquier mujer. Fue entonces cuando comencé a desearla como a cualquier mujer

El séptimo día, mi alumna prodigio, habiendo ya adquirido el conocimiento que quería, me dijo que jamás volveríamos a vernos. Me sentí entonces libre de llevar a cabo mis deseos. Comencé a tocarla y a besarla; ningún otro cuerpo había provocado antes en mí tanta lujuria. Ella accedió a todo lo que quise hacer con ella. Como cualquier otra mujer.

Aún no se lo he dicho a nadie porque no me creerían; les parecería más verídico pensar que, borracho o drogado, me llené yo mismo el cuerpo con los pecados que he cometido.

Rubik

Photo by Olav Ahrens Røtne on Unsplash

Una cara es todo sonrisas y bromas.

La segunda es toda sexo, toda pasión, toda lujuria.
Su tercer rostro es preocupación, amabilidad…
Pero tiene tres caras más, no tan fáciles de ver.
La primera es controladora, agresiva.
Hay otra, intelectual, ávida de conocimiento.
Y la más difícil de ver, la base: un enorme miedo.

Él no es ni la cara roja, ni la azul, ni la amarilla; él es todas juntas. Todas se mueven al mismo tiempo, mover una es desordenar las demás, no son distintas capas separadas, sino, todo junto, una misma superficie.
Todo lo tridimensional es confuso: lo que está frente a ti no es todo lo que hay, siempre existe la otra cara, y a veces, al estar mirando una faceta, nos olvidamos de las demás, por eso nos sorprendemos cuando un lado luce perfecto pero, al darle la vuelta al cubo, todo lo demás es un desastre.

IRREVERSIBLE

Photo by Hush Naidoo on Unsplash

Las agujas se meten en la piel sin pedirte permiso e introducen en ti sustancias desconocidas. Contra tu voluntad, se abren paso entre las capas de tu piel para llegar a lo más profundo de ti. Y no hay forma de deternerlas, no puedes pedirle a la enfermera que extraiga de tu cuerpo ese objeto metálico, debes aguantar hasta el final, debes de soportar esa intromisión a tu ser.

Las agujas tienen una sensación de irreversible.

Irreversible es cuando, desde la base de la resbaladilla te dejas ir con un ligero empujón y sabes que no podrás ya detenerte sino hasta alcanzar el piso. Nada de lo que hagas va a devolverte al momento anterior. Irreversible es cuando aseguran la barra de seguridad en la montaña rusa y el carrito comienza a moverse. Irreversible es cuando tu anillo cae por la tubería del lavabo y sabes que jamás volverás a tenerlo en tus manos.

No hay nada a lo que yo tema más intensamente que a la sensación de irreversible.

Photo by Matt Bowden on Unsplash

SOMOS…

Somos un todo.

Somos lo que demostramos por fuera, pero también lo que hay en nuestro interior.

Somos las decisiones que tomamos, pero también el alma con la que nacimos.

Es tan erróneo negar el cuerpo como negar el espíritu. Es erróneo disociarnos, hacer opuestos para todo.

Lo grotesco y lo sublime forman parte de una misma cosa.

Ser humano es ser contradictorio.

Por ser algo tan natural, ni siquiera habría de llamársele contradicción.

STRIP THE WALLS

Es tiempo de cambiar. Desnuda las paredes; no tendrás espacio para nuevos recuerdos si están atiborradas de reliquias del pasado.

Es tiempo de crecer, es tiempo de proyectos nuevos. Desnuda las paredes y reemplaza las fotografías consumidas por el sol, por un mapa del mundo que te recuerde todo lo que hay por ver, por conocer; que te recuerde que aquí ya se agotó todo, y que debes ir a buscar con qué tapizar nuevas paredes. Nuevos lugares, nuevos rumbos.

Desnuda las paredes para que recuerdes que aún tienes frente a ti un lienzo en blanco sobre el cual pintar.

Photo by David van Dijk on Unsplash

MUJER PERFECTA

El mejor traductor es el que no se nota.

El mejor actor es aquel que parece que no está actuando.

¿Cuál es la mejor mujer? Aquella en la que el proceso no se nota. Aquella que es la mujer perfecta sin que parezca que se esforzó. Ella es natural; despierta en las mañanas luciendo así. No se depila, no se maquilla, no se peina; es más, la mujer perfecta ni siquiera piensa en lo que va a ponerse; no va a la tienda a comprar ropa, y se burla de las imperfectas que lo hacen…de las imperfectas en quienes se nota el esfuerzo.

Frente a los otros, no habla del tiempo frente al espejo, ni de su bien planeado estilo. Ríe de las que se preocupan por su aspecto, las menosprecia -frívolas-. Porque ella está más allá de eso, a ella le surge todo natural, sin nada de esfuerzo.

El secreto está en que nadie note el proceso. ¿Quieres ser perfecta? No hables de los pasos hacia la perfección.

HUMANO

Cuando pensaba en ti, no eras más que un ser malvado, sin sentimientos, sin alma…no eras humano. Sólo así podía odiarte y maldecirte, condenarte a las llamas del infierno si tu nombre sin querer llegaba hasta mis oídos.

Pero todo eso se desvaneció al volver a mirarte. No porque te amara, no porque dijeras las palabras correctas; ni siquiera porque fuiste amable. Fue porque eras humano. El demonio vil no existía más que en mi imaginación. Resulta que respiras, que amas; que también sufres, que también lloras.

Como si me recuperara de una prolongada amnesia, por fin me acuerdo de que, cuando te amé, tenías un corazón. Al mirar tu pecho, sigue ahí, latiendo.

No me queda más que perdonarte; no porque considere tus acciones justificables, sino porque eres, como yo, nada más que una persona.

Mi error fue creer que eras un ángel, y por eso te hice demonio. De haberte visto como humano, humano habrías quedado.

Photo by 小胖 车 on Unsplash

TODA LA VIDA ME DIJERON…

Toda la vida me dijeron que lo soy. Pero, ¿lo soy porque me lo dijeron, o me lo dijeron porque lo soy?

Soy incapaz de diferenciar la realidad de la fantasía, la imagen que todos tienen de mí, del verdadero yo.

Ya no sé si nací así o me moldearon. Ya no sé qué tanto soy yo, y que tanto soy aquello que me hicieron.

Pero, a final de cuentas, ¿no estamos todos esculpidos por lo que hay alrededor? La arcilla no es la escultura. Nuestras almas, nuestros seres más naturales, son el material; pero todo lo demás es lo que nos hace…¿eso significa que puedo remoldearme?, ¿eso significa que, aunque toda la vida me hayan dicho que lo soy, puedo dejar de serlo?

Photo by Daria Sheveleva on Unsplash