NAYA (Historia de miedo)

Este octubre/noviembre en la empresa en la que trabajo (Knotion) hicieron un concurso de cuentos de temática de terror.

¡Gané primer lugar!, así que les presumo mi cuento.

Naya

No soy única. De hecho, hay otra persona que nació exactamente igual a mí. Mi clon natural. Pero ella es más. Más bonita, más carismática, más inteligente. Nadie me lo ha dicho en mi cara, pero sé que piensan que solo soy la “otra Naya”: siempre un paso detrás de ella, intentando verme igual, vestirme igual, ser amiga de sus amigos. Creen que soy su sombra.

—¿Naya? —escucho a lo lejos y volteo. Ya me acostumbré a responder a su nombre.

—No. Ayan.

El chico parece sorprendido. En seguida me mira bien y en su boca se tuerce una sonrisilla. “Claro”, parece decir, “ella no puede ser Naya.”

—¿Sabes dónde está?

Resisto las ganas de voltear los ojos. No somos siamesas, no soy su escudera o mensajera. No. ¡No sé dónde está!

—No —respondo con calma.

—Gracias.

Ni siquiera intenta ser amable y hacerme plática. Ni siquiera se despide.

Vuelvo a verlo después. Camina con mi hermana por el pasillo. Le habla animadamente. Veo la cara de Naya: no está interesada en él. Es obvio que lo ignora. Aunque se trata de un chico alto y bien parecido, me parece patético. Me acerco para quitárselo de encima.

—Ya es muy tarde. ¡Te estaba buscando para irnos!

Naya sonríe agradecida y se despide fríamente de él antes de seguirme por el pasillo.

Pobre diablo, no tenía la más mínima oportunidad.

 

* * *

Era octubre, y como cada año Naya y yo habíamos preparado nuestro disfraz de gemelas. Ese año seríamos Odile y Odette. Yo, el cisne negro.

Cuando fuimos a recoger nuestros disfraces vimos que nos habían malentendido: habían hecho dos iguales. Naya se desanimó.

—Podemos repetir alguno de otro año —le dije. No le pareció, y decidió que esa noche se quedaría en casa. Por mi parte no me perdería la fiesta.

Me vestí del cisne negro y tomé sola el autobús a la escuela.

El sol ya se ponía y la temperatura bajaba. Conforme avanzábamos la oscuridad invadía el camión, alejándonos de la luz del atardecer. Pocas personas bajaban y subían del camión, que poco a poco quedaba vacío.

 

* * *

Sube una anciana, baja un hombre. Baja la anciana y sube un chico. Después suben más chicos. Disfrazados, seguramente van a la escuela. No los conozco, así que me quedo en mi rincón.

Es la primera fiesta escolar de noche de brujas a la que voy sin mi hermana. Me siento libre, pero vulnerable. No quiero tener que aclarar a todos que no soy Naya, que ella no vendrá, que “está enferma”.

—¡Naya! —me gritan tres chicos. Sé que van en nuestro salón, pero no los conozco muy bien.

Estoy a punto de aclarar quién soy. Pero…

—¡Hola! -—digo, animada.

Ellos no lo notan, se sientan conmigo y hablamos tonterías.

—¿Y Ayan, tu hermana?

—Enferma.

Me ofende que no pregunten cómo estoy.

Al arribar a la escuela me apresuro en llegar al tocador antes de que nuestros amigos nos vean. Con la paleta de maquillaje de fantasía que llevo en mi bolso me cubro la cara de blanco, resaltando mis ojos con negro hasta quedar irreconocible. Esta noche soy Naya. Solamente mi cabello rojo le dará pistas de que soy una de las gemelas a quien me vea… Pero no tendrán forma de saber cuál.

Entro al salón. No soy el cisne negro: soy solamente una sensual bailarina oscura con el rostro pintado. Mi cabello de fuego contrasta bellamente con mi disfraz.

Me siento como una celebridad. Todos me miran y saludan. Recibo elogios sobre mi disfraz… Titubeo al ver a nuestro grupo de amigos. ¿Se darán cuenta? ¿Creerán que perdí la cabeza? Por un momento me detengo y pienso en la tontería que estoy haciendo, pero veo mi reflejo en uno de los globos metálicos. No soy Naya, pero bien podría serlo: nuestras pocas diferencias permanecen ocultas bajo el maquillaje.

Jamás lo notarán.

 

* * *

Alberto apenas notó que la chica le presionó el brazo con más fuerza. Estaba concentrado en su objetivo: encontrar a Naya.

María, su cita, le dijo algo. Apenas la escuchó. De pronto advirtió que ella ya no le tomaba el brazo.

Poco le importó.

Entonces la vio. Cabello suelto, salvaje, justo como a él le gustaba. Su disfraz de bailarina entallaba su cuerpo. Fue como un imán: él caminó como poseído hacia ella y tomó su cintura del modo menos sugestivo que pudo. Ella volteó, sonriendo. Su mirada era alegre y no se desvaneció al verlo: de hecho, lo miró como si no lo conociera.

—Soy yo, Alberto. Beto —dijo él quitándose la peluca pegada a su sombrero de pirata. De pronto ella pareció acordarse y la sonrisa se desvaneció ligeramente de su rostro. Era normal: así le respondía siempre, con poco entusiasmo, casi con aburrimiento. Él pensó que un poco más de esfuerzo, de insistencia, la convencería y haría la magia. Pero pronto empezó a desesperarse ante ese hielo impenetrable.

—Te ves increíble —dijo Alberto, torpe.

Ella miró al suelo, apenada, como si jamás alguien le hubiera dicho algo así. (Bien sabía él que ella escuchaba aquello casi todos los días). Pudo sentir su sonrojo por debajo de su estilizado maquillaje. Hasta notó su esfuerzo por seguir portándose estoica.

De pronto sintió el triunfo de sus meses de esfuerzo.

La noche avanzó como la había imaginado. Poco a poco dejaron fuera de su burbuja al resto del grupo y la conversación en medio de la música se volvió sólo de ellos. Nunca había podido hablarle así. Nunca, en todos esos meses, la había conocido tanto como esa noche. Se fueron alejando poco a poco de todos, de la música. De pronto se vieron entre los altares de muertos, donde todo estaba más silencioso. Él se atrevió a darle un beso. Naya​ respondió con dulzura.

Lo que tanto había soñado sucedía al fin.

Al terminar la noche ella dejó que él la llevara a casa. Al entrar en el auto ella no le pidió que la llevara rápido. Se quedaron hablando. Él tomó su mano y la acarició. Después miró sus labios: se habían despintado un poco.

 

* * *

María había estado enamorada de Alberto desde la primera vez que lo vio practicando parkour en el patio de la escuela. Sabía que el resto de sus compañeras también lo estaba… por eso le sorprendió que él accediera a hacer un disfraz de pareja con ella. Se lo propuso durante la clase de inglés, la única que tenían en común. Decidieron ir de piratas.

Desde ese día fueron una especie de pareja. Se veían en el receso, él la llevaba a su casa, ella le daba un beso antes de irse. (María seguía esperando que fuera él quien lo hiciera). Quizá durante la fiesta de noche de brujas… ¿Y si le pedía que fuera su novia?

Pero esa noche, tras oírlo decir que iba por comida para ambos, le perdió el rastro. Intentó actuar con normalidad, estar con sus amigos, mantener su actitud casual. Pero estaba enojada. Y triste.

A la hora de irse dijo a sus amigos que regresaría con Alberto. Con la furia recorriéndole todo el cuerpo, caminó hasta el auto. Ahí lo vio: estaba con la chica pelirroja que a todos les gustaba en la escuela. Parecían a punto de besarse.

María caminó más rápido. Llegó al auto, abrió la puerta y tomó a la pelirroja del cabello forzándola a bajar.

Naya la empujó furiosa. María no esperaba esa reacción y se enojó más. Comenzaron a forcejear. Alberto salió del auto para detenerlas. María lanzó a ​Naya al piso y le dio un golpe en el rostro. De pronto lo advirtió: la pelirroja no se movía. Por un momento creyó que Naya le estaba jugando una mala pasada. De pronto, un charco de sangre emanó de la cabellera pelirroja.

Como si el cabello desprendiera tinta.

El enojo se convirtió en miedo. María quedó paralizada mirando el cuerpo inerte ​​.

—¡Qué hiciste! ­¡Qué pasó! —escuchó la voz de Alberto.

María no respondió. Embelesada, miró el rostro pintado de blanco. Los ojos abiertos, la boca hecha una mueca descompuesta. No escuchó la voz de Alberto cuando él le gritó. Casi no sintió cuando él la levantó, alejándola de la muerta. La sacudió de nuevo, preguntándole qué había pasado.

—¡María! ¡Qué hiciste! ­

Ella solo rompió en un llanto histérico.

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Las últimas vacaciones – HISTORIA DE TERROR

¿Con ganas de una escalofriante historia de terror? Aquí mi más nuevo video, para que tiembles de terror.

 

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El Lienzo Rosado

La miro de madrugada, recién levantada.
Sus mejillas son rosadas, su piel es tersa, perfecta, sus ojos, mi joya favorita, lucen un poco cansados, pero bellísimos, enormes, perfectos.

Y por más bella que yo vea la obra de arte en su rostro, para ella no es tal, para ella no es una pintura, sino un lienzo que debe repintar.

Para mí, ver eso es como mirar a un tallador de madera esculpir un roble en un tronco; pinta su rostro entero para terminar con las mejillas rosadas, la piel perfecta; ojos un poco más grandes, pero bellísimos, perfectos. Mi joya favorita.
Sin embargo, es distinto, como césped sintético; puede que luzca perfecto, pero jamás será el natural por más que lo intente. Y vaya que lo intenta.

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BRUJA

Su cabello era negro, escarchado de agua azul.

Ella era una bruja, vestida siempre de tul.

Sus ojos rasgados me hablaban de eternidad

y su boca deliciosa nunca me dejaba escapar.

Boca de sirena, pero al final hechicera.

Mucho me lo advirtieron, que a ella no la quisiera.

Mi corazón quería devorar,

¿puedo culparla?

Lo mismo con su cuerpo quería yo realizar.

SONRÍE

Me di cuenta de que últimamente no sonrío para las fotografías. Tienen que tomarme desprevenida para que yo exhiba una genuina sonrisa de oreja a oreja. Y no es porque no sea feliz, al contrario, la mayoría de las veces estoy en situaciones de mucha felicidad.

¿Por qué no sonrío? Por un afán de estética y perfección. Porque mis dientes no son perfectos, y porque, si sonrío, mi rostro se vuelve redondo, mis ojos pequeños y mi expresión se convierte en cómica. Y yo quiero tener ojos gigantescos, rostro afilado, quiero que al mirar esa fotografía, todos puedan decir “qué bonita”.

Me entristece. Lo vemos constantemente: poses bien practicadas, ángulos estratégicos, el amigo que nos dice “¿puedo cambiarme de lugar?, este no es mi lado bueno”. Soy culpable, todos somos culpables. La era digital nos ha vuelto más conscientes de nuestra imagen hacia el exterior, nos ha vuelto mucho más controladores sobre todo aquello que proyectamos. 50 selfies antes de tener la foto de perfil perfecta; “repite la foto, no salgo bien”. La fotografía ya  no se trata de capturar el momento, sino de prefabricarlo de tal manera que, al mostrárselo a otros, parezca perfecto y nosotros, en él, inmaculados.

Quiero hacer, no un llamado ni una exigencia, más bien una invitación. La próxima vez que alguien vaya a tomarte una fotografía, no pienses en verte perfecto, tan sólo mira a la cámara con sinceridad, deja que la lente capture el verdadero momento; no tomes miles de fotos del mismo momento, ni 50 selfies; una sola selfie, una sola foto, pero que en ella contenga todo lo que sentiste, y te haga sonreír al mirarla.

Quiero sonreír cuando me toman una fotografía.

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El juicio

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No hay duda, señora jueza, de que este hombre es culpable del delito de violación. ¿Cómo podría no serlo?, si su instinto más primario es el que rige todas sus acciones: sexo.

Tengo a más de una veintena de testigos de las siguientes acciones: les grita piropos a las chicas en la calle, es incapaz de contenerse de mirarle los senos o las piernas a cualquier mujer que las lleve descubiertas; ha detenido lo que está haciendo más de una vez simplemente por mirar el trasero de una chica inclinándose.

Podría continuar, pero no es mi deseo hacer de este un juicio amarillista. Sólo deseo que usted sepa que este hombre es inzapaz de ver a mujer alguna con intenciones que no sean sexuales.

Escuche usted misma a los testigos y dígame, ¿son estas las acciones de un hombre inocente? Si inclusive tuvo la indecencia de mirarla a usted lascivamente cuando venía entrando a la sala…

Nuevo recipiente (First 50 Words)

Un día las cosas se pusieron mal de la nada.

Todo comenzó simple; me sucedió que, a la hora del almuerzo en el trabajo, hice contacto visual con alguien y de pronto olvidé cómo se comía con naturalidad. Comencé a hacer extraños ademanes y contorsiones, fallando patéticamente en meter la cuchara en mi boca. Preferí quedarme con hambre, que seguir soportando las miradas que me juzgaban. A partir de entonces, era siempre lo mismo; comer se convirtió en una tarea imposible para mí: era incapaz de meter alimento alguno a mi boca. El hambre creció y creció, hasta convertirse en locura. Porque lo más cruel e irónico del asunto es que yo era el cocinero; todos en mi trabajo comían las delicias que yo preparaba, pero que era incapaz de llevarme a la boca.

Ya se sospechaba de mi mal estado, pues después de tres días ya estaba bastante desmejorado. Mi jefa me recomendó no asistir a trabajar al día siguiente.

-Te veo muy mal, necesitas descansar.

Sonreí y le agradecí, hipócritamente. Ese día, en mi locura y en mi hambre inmensa, los envenené a todos. Cayeron muertos frente a sus platos en la hora del almuerzo. Ya no podrían devorarse su comida frente a mí mientras yo moría de hambre.

No huí. Sólo esperé, en estado casi catatónico, a que vinieran por mí.

No hablé, no me defendí, no hice nada.

Tan sólo respondí cuando me preguntaron:

-¿Sabe lo que hizo?

-Sí, lo sé, y no me arrepiento de nada.- No sé por qué esas palabras salieron de mi boca; no las planeé, no las emití.

Me condenaron a muerte. Pero no se contentaron con terminar con mi vida; antes tenían que torturarme ofreciéndome una última comida…¡una última comida! Cuando escuché tales palabras, tuve un incontrolable ataque de hilaridad. Debieron pensar que en serio estaba loco. Tenían razón.

No pedí nada más que un vaso de agua; no quería sufrir intentando comer por última vez. Después de que me lo bebí, me llevaron a una habitación brillante, de paredes blancas, que tenía tenía una mesa metálica en medio. Me dejé llevar, ya sin nada de fuerza, nada de voluntad. Debía recostarme sobre la mesa fría. Cerré los ojos y me olvidé del mundo, tan sólo escuchaba las voces de las personas a mi alrededor. Sonaban lejanas…tan lejanas.

-Buen trabajo enloqueciendo a este. ¿Qué fue esta vez?

-No podía comer.

-Es notorio, se ve flacucho, pero servirá perfectamente como nuevo recipiente; ignorando la reciente falta de alimentos, su cuerpo está en muy buenas condiciones. Buen trabajo.

-Gracias.

-El Escuadrón Cosmos está por llegar. Prepara al sujeto para su viaje a Venus.

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RETO FIRST 50 WORDS

Me enorgullezco de presentarles el último cuento de este reto de 12 semanas.

Espero que hayan disfrutado estas lecturas, y que hayan disfrutado de escribir estos ejercicios conmigo y con Alan Flores.

¡Habrá muchas cosas nuevas para junio!

Estén al pendiente.

 

DA CLICK EN EL ENLACE SI QUIERES LEER EL EJERCICIO DE MI COLEGA ALAN FLORES.   

LA SEMANA PASADA EL TEMA FUE “HASHTAGS“.

ESTA SEMANA EL TEMA FUE “NUEVO RECIPIENTE”.

 

¡HAZ ESTE ÚLTIMO EJERCICIO CON NOSOTROS!

NO TE LIMITES, EL TEXTO ES DE MÍNIMO 50 PALABRAS, PERO PUEDE SER TAN LARGO COMO QUIERAS. 
SI HARÁS ESTE RETO EN TU BLOG, ¡COMPÁRTENOS EL LINK! SINO, ¡ESCRÍBELO EN LOS COMENTARIOS!

# (First 50 Words)

No soy dueño de mi destino. Soy esclavo de los tiempos, de las tendencias, de la moda.

Nací con un propósito limitado, muy específico. ¿Quién iba a pensar que a alguien se le ocurriría darme un significado nuevo?

De pronto me volví el signo de moda; irónicamente o en serio, pero todos me utilizan.

Soy inútil, soy molesto; me antepongo a obviedades y combinaciones de palabras que mañana ya no serán importantes, al pie de fotos que no fueron capturadas para la posteridad.

Todo hoy es pasajero, ya nada dura. En un parpadeo, lo relevante ya no lo es, y cosas nuevas lo reemplazan. Pero yo permanezco, omnipresente.

Mientras lo efímero perdure, yo seré eterno.

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RETO FIRST 50 WORDS

PENÚLTIMO EJERCICIO

¡Sólo nos queda un ejercicio más y completamos este reto!

 

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¿QUIERES UNIRTE A NOSOTROS?

 

¡ES FÁCIL!

 

SÓLO TIENES QUE COMPARTIRNOS EL TEXTO QUE GENERES CON EL TEMA DE CADA SEMANA (QUE TOMAMOS DEL BLOG FIRST 50 WORDS). 

LA SEMANA PASADA EL TEMA FUE “EL TONO“.

ESTA SEMANA EL TEMA FUE “HASHTAGS”, LA SIGUIENTE SEMANA EL ÚLTIMO RETO ES:

 

NUEVO RECIPIENTE

 

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El Tono (First 50 Words)

A través de los audífonos escucho el tono de su voz.

No miro su rostro, encerrado en la cabina, pero, cundo le habla al micrófono, recitando sus diálogos, es como si me hablara a mí, sólo a mí, al oído.

¿Afuera? Afuera de la cabina no somos nada, ni siquiera nos dirigimos la palabra, pero puedo adivinar en su indiferencia, el mismo amor apasionado que yo siento por ella.

Porque, en la cabina, ella me hace el amor con sus palabras, con el tono cristalino de su voz, que llena mucho más que mis oídos, llena cada uno de mis sentidos, inundando mi alma.

-Dulce- digo, dirigiéndome al micrófono que me conecta con ella.

La interrumpí, ha perdido el hilo y escucho su voz desconcertada.

-¿Me equivoqué?

-¡No!- ¿equivocarse?, ella jamás se equivoca -¿te gustaría ir a comer a algún lado después de terminar de grabar?

Casi puedo oírla sonrojándose. Escucho una sonrisa en sus labios cuando me responde:

-Hay que terminar de grabar, ¿sí?

Continúa recitando sus diálogos, pero cierro los ojos e imagino que responde:

-Claro, me encantaría.

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RETO FIRST 50 WORDS

Una disculpa, Ficcionólogos, porque la semana pasada los dejé sin ejercicio que leer, este es el ejercicio que correspondía a la semana pasada.

Tema: El Tono

Para leer el ejercicio de mi colega Alan Flores, da click aquí.

 

 

PERSONAL (First 50 Words)

Personalmente, ya no me queda pasión.

Me levanto cansada, me voy a dormir agotada y todo lo que vivo entre esos dos momentos, me sucede como entre sueños.

Existo a medias. Consumo las calorías que necesito para sobrevivir, y duermo sólo lo necesario para rendir el día.

Mi existencia es una interminable sucesión de hechos irrelevantes: casa, trabajo, casa; fiesta agotadora cada fin de semana y comenzamos de nuevo.

Con este perpetuo dolor de cabeza, odio a todo y a todos…pero no siempre fue así.

Antes yo reía a carcajadas, amaba con pasión, tenía pasatiempos…¿qué amaba hacer?, ¿cómo disfrutaba de mi tiempo libre? Esa es la peor parte, que no logro ni siquiera recordarlo. Tengo memorias de la felicidad, pero no recuerdo la fórmula para traerla a mi vida…

O quizá es que aquello que me apasionaba ya no es para mí. Probablemente es mi momento de encontrar algo nuevo que me haga estar viva.

Sólo necesito dejar de sentirme tan cansada. Comenzaré a dormir más, a comer mejor; ¡hasta podría comenzar a hacer ejercicio!

Pero no hoy, hoy tengo pendientes, debo enviar mails del trabajo, llamar a mi madre, y enviarle unos documentos a Sam, porque se lo prometí.

Mañana comenzaré a descansar, porque, personalmente, mi vida me tiene agotada.

Existo a medias.

 

RETO FIRST 50 WORDS

CUENTA REGRESIVA

¡Sólo nos restan 3 semanas de este reto!

 

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LA SEMANA PASADA EL TEMA FUE “LOS ANCIANOS SON LO MÁXIMO“.

ESTA SEMANA EL TEMA FUE “PERSONAL”, LA SIGUIENTE SEMANA EL RETO ES:

 

EL TONO

 

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